miércoles, 13 de mayo de 2009

LO QUE QUEDÓ DEL CHICO DE MODA

Mi blog, según me dicen, ha sido uno de los más visitados por todos los becarios Icex. Me gustaría pensar que se debe a mi estilizada prosa, a mis ingeniosos comentarios y a mi fina ironía. Pero no me engaño: se debe a las Hijas de Putin y, para ser honestos, creo que es justo que así sea. Pero retorced el colmillo con este último pensamiento: yo estuve con ellas, vosotros sólo habéis visto sus fotos.


Esta entrada se ha retrasado mucho. Se ha retrasado tanto que pensé que jamás la escribiría. Después de escribirla, he tardado aún más en publicarla. Mi negativa a cerrar el blog era y es en cierta medida una forma de negación de la realidad.Cuando pongo mis recuerdos en perspectiva, me doy cuenta de que me gustaba estar en Moscú y no quería despedirme.

Pese a todos lo bueno que Moscú me dio, a finales de mi aventura rusa yo estaba cansado. Oriol decía que se me notaba mucho. Había cosas ciertamente inaguantables y echaba de menos España, pero ahora que vivo en Madrid soy incapaz de recordar qué me hizo regresar. Se ha dado la vuelta a la tortilla y ahora añoro Rusia, pero a diferencia de hace unos meses, sí sé bien las razones.

Echo de menos un trabajo que me gustaba y una Oficina donde me sentía como en casa. Echo de menos una vida algo caótica pero libre, sorprendente y mía. Echo de menos bajar al casino y congraciarme con los parroquianos que, sin tener ni idea, han apostado su sueldo a que gana el Madrid y besan el escudo de mi bufanda y me invitan a cenar cuando canto los goles blancos. Echo de menos a Mario, a Ericsson y a Oriol, sin los cuales Moscú no habría sido Moscú.


Los lectores de este post están esperando que diga que echo de menos a las Hijas de Putin. Por supuesto, pero deben saber que no echo de menos a una en concreto, sino que echo de menos el concepto en sí. Chicas jóvenes, inteligentes, muy preparadas, pasionales, vitales, que viven plenamente porque saben que quizás no haya mañana. Rompen los clichés que en Europa Occidental les tenemos puestos: a mí ninguna me pidió que la trajese a España; lo que me pidieron es que no me fuese de Rusia.


Y dije que no. Me conciencié que esto era una aventura de 15 meses y ni uno más, Santo Tomás. De ahí mi rendición con el idioma (de lo que ahora me arrepiento), mis planes para cambiar de aires y, por qué no decirlo, mi nostalgia crónica actual. Echo de menos Rusia, pese al frío y la contaminación, pese a la lejanía y las diferencias.

Ahora que cierro este blog, cuando pienso en Rusia los recuerdos se me agolpan en la mente y la saturan. Sólo los recuerdos positivos, que son legión. Tras kilómetros viajes, horas de ferias, risas, atviorkas, pirijots, diebushkas, mashinas, Beliaeva y Smolienskaya, me siento como Sinuhé: No escribo este post para vosotros, lo escribo para mí. He escrito todo lo que quiero recordar cuando dentro de 50 años alguien me pregunte qué pienso de Rusia. Es una confesión sobre mis emociones ahora que ya no soy un expatriado. Es lo que quedó del chico de moda, que volvió a casa con la turbia sensación de que, como siempre, había vuelto a dejar pasar otra gran oportunidad...

¿Y estos dos que hacen aquí?

Decidido como estoy a rematar de forma digna este blog, pese a saber que quizás ya no lo lea nadie, la primera entrada que recupero de mi memoria queda dedicada a dos viejos buenos amigos: Héctor Ayala y el Tito Cabu, Pepo. Cumpliendo lo que me prometieron cuando vine a Moscú, el pasado mes de noviembre comenzaron a tramitar pasaportes y visados y se plantaron en Moscú.


No voy a extenderme demasiado en la crónica de su viaje, pues ya fue debidamente relatada por Pepo en su diario "Dos gaditas en Mockba". No. Más bien lo que voy a hacer es aprovechar para colgar una nueva ristra de fotos, siendo las tomadas en la discoteca Famous las más representativas.


La fiesta se celebraba con motivo de la inauguración de la prestigiosa feria de cosmética INTERCHARM, donde estuve currando como un campeón durante muchos días. No recuerdo cuál de los dos, si Pepo o Héctor, me dijo: "Yo sabía que estas cosas existían por las pelis o así... pero nunca pensé que estaría en una de ellas como invitado". Ay, Pepo, si supieses cuántas veces he pensado yo eso mismo gracias a mi vida en Moscú...





Entre fiestas, Kremlin, casas de cambio, renuncias a San Petersburgo, superhamburguesas en el casino mientras veíamos la Champions, ligoteos en la calle gracias al malenkiy chut chut y un ritmo de vida que luego me postró en cama con fiebre durante tres días, dos gaditas vinieron a Mockba. Vinieron y se fueron, y yo me quedé sabiendo que me quedaba muy, muy, pero que muy poco...

miércoles, 4 de febrero de 2009

MOSCOW NEVER SLEEPS

A propios y a extraños sorprendía que yo, tan dado a hacer wikientradas y reflexiones acerca de las ciudades que visito, no hubiese dedicado aún una entrada exclusiva para el lugar que, durante quince meses, se convirtió en mi casa. Ello se debía a dos motivos fundamentales: el primero un deseo de conocer bien a fondo Moscú antes de atreverme a diseccionarla, el segundo una extraña sensación de no saber si me gustaba o no me gustaba.


Ya lo tengo claro. Moscú me gusta. Me encanta. Me fascina. Moscú no deja de sorprenderme. Arrastra nostalgia del el zarismo y del comunismo por igual, lo que ha derivado en un sentimiento ultranacionalista ruso. Me entusiasma la necesidad que tienen los moscovitas de encontrar a alquien a quien admirar, de un líder fuerte. Rusia necesitaba un Putin tras años de gobernantes ancianos y erráticos.


Me seduce la vida que tiene Moscú: sus capas de nieve que se convierten en charcos gigantestcos que se vuelven a helar sólo para volver a derretirse. Sus hielos, que obligan a las abuelitas que venden guantese a protegerse en los "pirijots". Sus pirijots, zoológico humano de rusos con gesto agrio pero que se tornan en sonrisas cuando regalan flores a sus rusas. Sus rusas, con su manera de andar, de vestir, su reducida moral, que siempre tendrá una talla mayor a la de sus minifaldas pero menor que la de sus tacones. Su relativismo moral, sus minifaldas y sus tacones, que serán exhibidas con una auténtica, que no fingida, naturalidad.


Moscú depende mucho de esas chicas que se cubren la cabeza y rezan en la catedral de Kazán cada sábado por la tarde, pero poco después se ponen una vestido imposible y te asombran entre los shows del Papa´s Place, las escaleras del B2, las pasarelas del Sorry Babushka o las llamas del Vodka Bar. Ellas son el mejor ejemplo de una ciudad donde la gente te adora porque eres extranjero o te odia por eso mismo.

Moscú varía su humor como el tiempo. Lo mismo cortan el agua caliente en Junio que dejan la calefacción a toda leche hasta mayo, lo mismo mantiene a Lenin vigilándote en Ploschad revolutsii que beatifican a Nicolás II y venden retratos de Putin con Medvédev. Moscú cambia como el viento, según venga de Europa o de Asia.

Moscú es así. Lo tiene todo sin llegar a tener nada y normalmente te quita mucho más de lo que te da, pero lo que te da sirve para compensarte. Haría falta un psicoanalista para entender Moscú. Siendo extranjero no llegarás a amarla, pero cuando te des cuenta te habrá embrujado. Ése es el secreto de Moscú: como las buenas amantes, su misterio es que siempre puede sorprenderte.

Muchos dicen que Moscú no era así antes, que ha cambiado de repente. No puedo saberlo. Nadie puede saber qué tiene Moscú a menos que lo mires con un ángulo único: La Moscú de hoy en día, la que he intentado enseñaros en este blog, sólo se entiende de una forma: Esta Moscú sólo tiene 17 años, es una adolescente y, como toda adolescente, lo único que tiene son muchas prisas por hacerse mayor.

martes, 3 de febrero de 2009

ANDALUCES POR EL MUNDO

Me han faltado ganas y talento para mantener vivo este blog durante lo que fueron mis últimos meses en Moscú. Ganas, porque recordar es la forma más triste de conversar (por aquello de lo del tiempo pasado...). Talento, porque nunca he tenido demasiado.

Sin embargo he recibido todo tipo de coacciones, ánimos, empujones y consejos para dar a este blog un digno cierre y puedo adelantar que preparo unas entradas finales que serán el colofón a las aventuras del chico de moda. Pero nobleza obliga, y ahora toca hablar de la visita que, sin duda, más ilusión me hizo en todo el año y la que con más cariño voy a recordar: Las familias Valiente y Molinero, que vinieron a Rusia.





Decir que lo pasé en grande es poco. Fueron unos días fantásticos, a pesar de algunos problemas inevitables, como las "indisposiciones" de Manolo. O a pesar de que a Álvaro las galerías de arte en vez de Tetriakov se le hicieran "eterniakovs". O a pesar de las indecisiones de Carlos para comprarse un recuerdo (y regatearlo con el vendedor). O a pesar de los excelentes "menús-degustación" que iban incluídos en el paquete de viaje. O a pesar de la gran tormenta que nos cayó en Ismailova. O a pesar de las amenazas de María de estrangular a quien la mojase en el el jardín de las bromas. O a pesar de la imposibilidad de comprar caviar negro (aunque eso se arregló meses después)...





Un viaje estupendo por San Petersburgo y Moscú, donde estos andaluces por el mundo descubrieron las supersticiones, historia, bellezas y miserias de Rusia y en las que yo tuve claro que no importa dónde esté, mientras recuerde dónde está mi casa.





COROLARIO: Un poco antes de ese viaje recibí una extraña llamada en la Oficina Comercial, en la cual lo único que querían eran hablar con un andaluz. "Yo mismo", me dije. Ahí fue el comienzo de una aventurilla televisiva del chico de moda, pues conocí al equipo del fabuloso programa "Andaluces por el Mundo", que me entrevistaron mientras les hacía de cicerone por la que durante 15 meses fue mi ciudad. Un recuerdo por demás bonito, divertido y que ha generado miles de comentarios entre las personas que me conocen y me vieron... Un programa que, si no lo quitan los de canal sur, podréis ver aquí:

http://www.radiotelevisionandalucia.es/tvcarta/impe/web/contenido?id=3531

PD.: Aún quedan algunas aventuras del chico de moda. Las contaré en los próximos días... ¡lo prometo!

martes, 7 de octubre de 2008

El Principio del Fin

Hay dos factores que derteminan cuándo es el principio del fin de una etapa. El primero sería cuando aparece la persona que va a sustituirte. El segundo sería cuando tus compañeros de promoción empiezan a desaparecer.

Ayer llegaron los novatos, que se quedarán viviendo en casa de las babushkitas que les han buscado para vivir y aprender ruso. Lo pienso y no puedo evitar reírme. Apuesto a que alguno va a plantearse muy seriamente pegarse un tiro. Prefiero mil veces lo que yo viví en la Pushkin, bueno y malo, aunque de ruso no aprendiera una leche. Tampoco es que después haya aprendido mucho más, pero en fin...

Si entráis en los blogs de mis compañeros becarios veréis que la inmensa mayoría ya se ha despedido y vuelto a casa: la Hafner dejó Singapur, Esther Helsinki, Susana Sydney, David Jakarta, Bea Santiago de Chile, Patxi D.F., y así sucesivamente. Supongo que a partir de ahora ya no escribirán en sus bitácoras ni visitarán la mía. Quedamos sólo los quincemesinos que, como un parto que se retrasa, constituimos el furgón de cola de las becas Icex 2007-2008.

Vuelve a llover en Moscú, llueve a cántaros. Así que hoy he realizado una visita que tenía curiosidad por hacer desde que llegué. Pese a haber pasado mil veces delante de él, nunca había entrado a verle. Como era un día lluvioso, los grupos turísticos paseaban a cubierto por GUM, los japoneses no tomaban fotos a San Basilio y los rusos no cruzaban la desprotegida Plaza Roja. Nadie esperaba en la cola del mausoleo. Lenin estaba solo. Por eso ha sido aún más impresionante.

Muros de marmol negro, silencio absoluto, dos guardias inmóviles. Un féretro del que sale una luz blanquecina, una alfombra roja que señala el camino. Como no hay nadie más, puedes quedarte parado y tener un cara a cara con Vladimir Ilich Ulianov. Lenin.



Un hombre extraordinario en muchos sentidos. Se hizo revolucionario porque su hermano murió fusilado tras fracasar en un atentado contra Alejandro III. Exiliado en Sibera, prófugo de la Okhrana, escritor impenitente, lector constante, tiene algunos artículos de gran lucidez donde analiza el problema social y sus ramificaciones. Asesino, genocida, hombre sin escrúpulos que llegó a decir "Detesto la brutalidad, pero ninguna revolución es posible sin el Terror".

Cuando tu mente está abierta a la Historia y estás a solas con Lenin, acabas embriagado por un aire muy especial. Lenin está muerto, pero la Historia vive a su alrededor. Cuando miras su rostro sostenido por la cera, en un instante pasan por tu mente todas las escenas de su vida: Su huída de Rusia, sus discursos clandestinos a los trabajadores, su glorioso regreso en tren, sus exhortos a los leales bolcheviques, su telegrama ordenando la ejecución Nicolás II y su familia, sus 18 horas de trabajo al día, su amor por los gatos, sus confidencias con su esposa Krupskaya, las dos balas que nunca pudieron extraerle tras el atentado perpetrado por su admiradora Fanya Kaplan, su desesperación al verse incapaz de contener a Stalin. Sus tres infartos. Su sífilis. Su parálisis. Su muerte.

Quizá debieran enterrarlo de una vez. Quizá no tenga ya sentido mantener su cadáver momificado como parte del turismo local. Quizás. Pero yo recordaré el día que he mantenido un cara a cara con Lenin y él me ha transmitido los recuerdos de una vida única y espectacular. Quizá sólo por esas sensaciones que transmite a quienes tenemos el vínculo de la Historia valga la pena tenerle allí.

Me pregunto qué diría Lenin si pudiese verse a sí mismo. Como no era un hombre humilde, posiblemente le gustaría. Con la serenidad que da la muerte, creo que Lenin detestaría a los que van a verle como quien acude al cine, pero le complacería saber que alguien como yo, que aborrezco y respeto por igual sus obras, salgo embargado por la emoción tras visitarle. En todo caso, a mí me ha valido la pena.

domingo, 14 de septiembre de 2008

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER...

¡¡DEL SER EL CHICO DE MODA!!

La feria CPM (Collection Premiére Moscow) es, con sus dos ediciones, el principal evento internacional para la moda moscovita. El ICEX organiza siempre un Pabellón Oficial y este año, a fin de mejorar el servicio, se planteó contratar a cuatro modelos que fuesen promocionando la moda española por los demás stands. Huelga decir que yo apoyé con entusiasmo la idea y que, al no haber analista, recaía en mí la gran responsabilidad de coordinar sus funciones. Heme aquí, con los grandes jefes:

Puedo hablar de desfiles, de reuniones, de felicitaciones por mi trabajo (las más) y de quejas por cosas que no salieron bien (que también las hubo, aunque fueron las menos). Pero en realidad todos los días encontraba un ratito para hablar con mis niñas y saber más de ellas. Siendo modelos que trabajan para una agencia rusa, no me costó adivinar la explotación que están acostumbradas a sufrir. Lo contaría, pero creo que en cierto confirmaron mis sospechas a través de confidencias que, por definición, deben quedar entre nosotros. Sí diré en cambio, con cierta dosis de satisfacción, que tras la feria me dijeron "ojalá todos nuestros jefes fuesen como tú..."

Dicho lo cual, no dejaban de ser chicas jóvenes, con ganas de aprender, de ir de fiesta, de pasarlo bien y de disfrutar todo lo posible en este mundillo. Por ello os presento a:

Nastia (de Anastasia), que me dijo "Tengo CASI 18 años"
Respuesta: O sea, que CASI no eres DELITO.


Katia (de Ekaterina) a quien ni esta ni ninguna otra foto hará Juticia.

Angelina, a quien llamábamos Jolie, que podía ser un ángel...

... o una diablesa.

Y a Lana (de Svetlana)


Todas ellas fueron Las Chicas del Chico de Moda o, como decía Luis Barranco, el agregado Comercial, "los Ángeles de Paco". Procedentes de Rostov, de Samara, de Daguestán y de Vyazma, os dejo elegir cuál fue mi favorita y por cuál fui elegido como favorito. No coincidieron las elecciones pero da igual, y a buen entendedor...


¡¡ПОКА, ПОКА!!

martes, 26 de agosto de 2008

AQUÍ SE VIENE LLORAOS

La becaria boreal (que está obscenamente morena) lleva un año asimilando que al Icex y a sus destinos se venía llorados de casa. Helsinki se antojaba como un lugar frío (en todos los sentidos) y con poca actividad. Un amigo ya me había comentado (aunque nunca se lo reconocí a Esther) que era un lugar "infame". Sin embargo una promesa es una promesa y allá que me fui...

Ahora que he vuelto a Москва tengo que decir que no es para nada un lugar duro u horrible, pero reconozco que pasar allí un año puede ser terriblemente aburrido. Lo que tiene la ciudad se ve en una semana holgadamente, y luego debes acostumbrarte a que todo esté limpio, sea bueno, parezca perfecto... Helsinki padece la monotonía de lo ideal. Si bien aquí decimos que Moscú es Mordor, Helsinki no pasa de ser Hobbiton (será cosa de las iniciales).


Sin embargo, cuando lo visitas con viejos y buenos amigos todo tiene encanto. Estaban Dani Estambul y Tomi, de forma que ya estábamos la mayoría absoluta del C5. No es que nos olvidásemos de Miss Hafner o Lady Robles (son inolvidables), pues las batallitas del master salieron a colación sin parar (como no podía ser de otra manera). Os pongo un ejemplo, cuando en la hamburguesería Esther se comió todos los chikenfiles aprovechando que yo no estaba:
-Paco: ¡Te los has comido todos!
-Dani: Le dije que esperase...
-Esther: Sí...
-Paco:¡Qué poco solidaria! Seguro que Susana no lo habría hecho...
-Esther: ¡Uy que no! ¡Y Haf se habría comido hasta tus patatas!



Pero aparte de eso, Helsinki me ha gustado. Para dos días está muy bien. La isla-fortaleza de nombre impronunciable es realmente impresionante. Las discotecas (o al menos LA discoteca) me encantó. Y también saber que el garrafón es un concepto desconocido allí. Son honrados hasta decir basta y las finlandesas, siendo guapísimas, tienen mucha más clase que las Hijas de cierto tipo al que ya os he presentado. Por eso no son de Putin.



En definitiva, que necesitaba un fin de semana de aire puro y no carbonizado, de agua potable y no contaminada, de sol (¡quién lo iba a decir!) y no de nubes, de animalitos en los parques para que los niños los acaricien y no para que los Gorilovs se los coman en la merienda.

Además me reencontré con el mar, lo cual no es poco. ¡Y con la playa! Bendito sea Dios... ¡cuánto la echaba de menos! El Báltico, por desgracia, está muy contaminado. "Normal" -dicen los finladeses- "¿no ves que la mitad pertenece a Rusia?".



Helsinki tiene sus cosas malas y un invierno allí ha de ser una experiencia mística... Claro que a las niñas les alivia la cercana presencia de Zara y Mango, así como que todo el mundo hable inglés. Sin embargo no se olvidan los muchos años de dominación rusa. Los finlandeses no quieren a mis actuales conciudadanos ni en pintura. Lo cual es contradictorio, ya que Finlandia es como Rusia... pero en idílico.